Evaluación de neurodivergencias
Diagnóstico y detección
Cuando hablamos de “neurodivergencias”, no nos referimos a un término médico (aunque a menudo se asuma así). La neurodivergencia es un concepto nacido en la propia comunidad autista, que cuestiona la idea de que exista un neurotipo “superior” a otro. Con el tiempo, su uso se ha ampliado para incluir a otras personas psiquiatrizadas o con funcionamientos neurológicos diversos.
Por eso, las neurodivergencias no se “diagnostican” en sí mismas, ya que no constituyen una patología. En su lugar, hablamos de detección o identificación cuando buscamos el acompañamiento de profesionales que nos ayuden a comprender cómo funcionamos y qué necesitamos para cuidarnos.
Sin embargo, el sistema sigue estando anclado en un modelo médico y patologizante. Actualmente, un diagnóstico (con informe) es la vía principal para acceder a medicación, adaptaciones y recursos vinculados a la discapacidad que puede implicar ser neurodivergente en este contexto social. Por ello, en la práctica, muchas veces es necesario recurrir a un diagnóstico formal (donde sí se emplean categorías como “trastornos del neurodesarrollo”) para poder acceder a los apoyos necesarios.
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